Terça-feira, 1 de Fevereiro de 2011

Mis Camelias – 15 – por Raúl Iturra

(Continuação)

MEMÓRIAS DE PADRES INTERESADOS - ENSAIO DE ETNOPSICOLOGIA DE LA INFANCIA

 

No me fue, extraño, en consecuencia, que Elida, sin ser llamada, apareciera en nuestra casa para "desembrujar" a Eugenia y curarla. Lo que ella hacía era tan convincente, entraba en trance y pedía para que el dolor y la enfermedad pasaran para ella y que la niña, como la vaca enferma, sanaran. Dirán que comparar una hija con un animal es una tontería, yo diría que no, la naturaleza es todo y una misma cosa, seres humanos y animales se confunden, unos dependen de los otros. El problema era que Eugenia no era "útil", porque su padre no tenía vacas para cuidar, donde Eugenia, si mejoraba, fuera necesaria. La forma de cuidar a la infancia estaba enredada con la forma de tomar cuenta de los animales. Estaba todo unido, era una forma recíproca de comportamiento: los "bichitos" daban el dinero para alimentar a la familia, la familia, por su parte, cuidaba de los animales de los que dependían para comer y vestirse. ¿Que todo era una ilusión? En cierto modo, o de cierta manera. Porque ellos pagaban impuestos por las tierras y los animales productivos, pero quien administraba todo era la empresa suiza que les compraba, o no, dependía de la oferta y la demanda, esa famosa ley definida por el referido Adam Smith, que apenas la constató y retiró de la actividad comercial de la realidad británica y de otros países con influencia en el comercio de ultramar.

 

¿Es ésta la meningitis de Eugenia? Era parte. Las vacas, como en la India, eran sagradas, los niños un poco menos. Las vacas criaban bacterias y virus que los niños, y a veces, los adultos, contraían como enfermedad. Pero, como eran animales mimados y el pan de la casa, las vacas eran más importantes que  Los seres humanos dependían de ellas. Nunca olvido el día en que con mi viejo amigo Eladio Fernández Ferradás, a quién yo había ayudado a tramitar su jubilación y me quiso pagar muchas pesetas por el trabajo hecho a máquina por mí y que no acepté, ese mi amigo y yo, estábamos a conversar. Pero, como con cualquier vecino mío, la conversación iba siempre para las vacas. Ese día de 1975, estábamos a pastorear un  vaca, amarrada por una cuerda al pescuezo para que no comiera donde  no debía. Lo que no debía, era comer en la hierba de la finca, o belga en portugués, por pertenecer a otros vecinos, derecho muy respetada entre los gallegos que tanto habían sufrido para ser propietarios desde el Siglo XIX en adelante. Pero, como estábamos a conversar, nos distraíamos y la vaca iba a comer en la finca de otro, lo que no era permitido, era un robo castigado con falta de reciprocidad en los trabajos. La devoción no es solo porque el animal da dinero, lo que a Eladio no le faltaba, es también porque la vaca, como después entendí, es el símbolo de la paz entre los gallegos.[85]. La devoción a las vacas es tan grande, que me impedía obtener todo lo que yo quería saber para saber de la historia de la aldea, de la memoria viva más vieja de la Parroquia, que entre él y su mujer Margarita Dobarro, componían. Eran mis mejores informantes, especialmente a las horas de almuerzo, esos almuerzos de los Domingos, donde los cuatro Iturra íbamos a la casa más pequeña de la aldea, en el lugar da La Carretera, donde vivíamos. Casa pequeña para albergar a tanta gente: Eladio, Margarita, su hijo Luis y la mujer de él, María de la Fé  y los, en ese tiempo, cuatro hijos de ellos. Esa Margarita Dobarro Silva, que venía de la aldea vecina de La Varela, donde su hermano mayor, Serafín, había heredado la mayor parte de la tierra con todos los "bichitos", un Serafín que era uno de los mejores productores de leche del sitio. Ese tipo de herencia que Margarita, aún lúcida, aborrecía y hablaba mal del sistema, al decir que eran todos iguales, todos hermanos, todos hijos del mismo padre y madre, en fin, todos iguales, deberían heredar también de forma igual, pero por le ley de costumbre cultural del patruciado, ya explicada antes, toda la tierra y todos los bichitos, habiendo heredado ella apenas un cuarto de hectárea de tierra, lo que ella no perdonaba de tal manera, que amable y dulce como era, no se hablaba con su hermano. Conversación que estaba siempre, hasta en nuestros almuerzos de los Domingos, casi todas las semanas.

 

Todo el mundo sabía que Margarita, en su casi setenta años, era una especial hospede, mientras más gente dentro de su casa pequeña, más feliz ella quedaba. Conseguía llevarla al tema de las familias de la Parroquia, pero, apenas tocábamos el tema de quién había adquirido tierra y cuánto y cómo, ella sabía muy bien quien era patrucio  y quién había emigrado para comprar. Y, Serafín, su hermano, salía otra vez al baile de las familias, como si fuera su obsesión... No podía olvidar ni perdonar a su familia.  Todo lo que yo quería obtener era información sobre historias de vida, sobre las familias, y no podía: o era siempre interrumpido por las quejas de Margarita, o por la preocupación de Eladio de pastorear su única vaca. Es necesario decir que las mujeres, excepto nuestra vecina, Maria de las Nieves Arca Taboada, por ser la mayor propietaria de tierras en la Parroquia, tienen un papel muy secundario entre la población. La Ley del Patruciado, ya definida por mí en este texto, como en otros libros, definía quién sería cabeza de familia, especialmente por corresponder a él o ella, heredar la mayor parte de los bienes. Era su deber administrar la llamada compañía familiar gallega, para que a nadie le faltara nada, para que ninguno de ellos quedara pobre o mal parado. Compañía familiar, es una empresa, ya definida por mí en este texto y en otros citados[86]. Eladio no sólo cuidaba de que no comiera dela la hierba del vecino, bien como decía que no tenía necesidad de vacas, pero el problema era lo qué podía hacer sin una vaca en casa, porque estos "bichitos", como Eduardo Fernández y otros decían, todo les daban el apodo de "bichito", un nombre cariñoso, esos bichitos, decía Eladio, solo traen paz a la casa.

 

 

publicado por Carlos Loures às 15:00

editado por Luis Moreira às 14:37
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