Sexta-feira, 21 de Janeiro de 2011

Mis Camelias – 5 – por Raúl Iturra

(Continuação)

MEMÓRIAS DE PADRES INTERESADOS - ENSAIO DE ETNOPSICOLOGIA DE LA INFANCIA

 

Nunca me olvido de los primeros meses del nacimiento de Eugenia: debía mamar de cuatro en cuatro horas, esas primeras seis semanas de vida: venía del útero, donde era alimentada por el líquido amniótico cada vez que ella quería. En el mundo de interacción social, correspondía  a la madre dar el pecho o pasar sus senos llenos de leche, para nuestro bebé mamar. Para aliviar su carga de trabajo, todas esas noches de los primeros meses, a las cuatro de la mañana me levantaba, mudaba los pañales de Eugenia, mas tarde serían los de Camila, para que estuvieran secas en su mamar. La última  actividad llamada dar el pecho, era a media noche.

En vez de dormir, conversábamos Gloria y yo y, a veces, hasta adelantábamos la hora de dar el pecho, como se dice en chileno castizo, ese amamantar, y pasaba a ser a las 11 o así, porque sabíamos que había un reloj despertador a las 4 de la mañana: el llanto de Eugenia, como el de Camila más tarde, para comer, como era necesario. Nuestras penurias pasaron cuando ya no había leche para dar y era necesario alimentar con biberón de seis en seis horas y, más tarde, cuando comenzó a comer con las manos de comida pequeña, cortada en trozos y llevadas a la mesa de la silla del bebé.  Fueron las peores clases que di en esos tiempos: eran a las ocho de la mañana y estaba lleno de sueño. Tener hijos es una alegría, pero hay que saberlos tratar para hacer la vida dentro de su horario, que es lo que Gloria y yo hacíamos: el horario del bebé de turno, era el nuestro, como hoy en día es el de nuestras hijas y sus hijos. Mi dos Camelias han tenido experiencias diferentes y estas ideas son apenas para dar una orientación de cómo hacíamos. Un pequeño alcance para Camila, porque Eugenia ya debe saber: siempre estábamos a intercambiar impresiones con papás de hijos de la misma edad. Es lo que más hacíamos, no por curiosidad, pero por desesperación... Ser papás es un amor, una delicia, éramos incapaces de dejar a nuestra primera hija en las manos de otros, sentíamos su falta. Como cuando, para descansar, una semana Eugenia quedó con la madre y hermana de Gloria y nos fuimos al campo, a la casa de mi Nana Griselda, una casa de adobe, con piso limpio de tanto escobar la tierra, el piso de la casa, donde ni ducha había e nos lavábamos en el arroyo que venía desde la Cordillera, esa agua helada, que nunca nos desanimó. Aún más, era un placer estar con mi Nana y comer las empanadas y el pan del horno de arcilla, ese pan amasado, bien  caliente y adorable. Pero... al tercero día Gloria y yo nos miramos, ella adivinó mi pensamiento, yo el de ella, y sin decir nada a nadie, excepto a la Nana Griselda, la dueña de casa, corrimos a hacer las maletas y nos fuimos de vuelta a nuestra casa, a 300 Kilómetros de distancia en Viña del Mar. Gloria y yo  llegamos a correr, sin ni saludar a la suegra y a la cuñada y Preguntamos por Eugenia: la niña andaba por la Avenida Perú en coche con su Nana Marina, largamos las maletas al suelo y corrimos. A la entrada estaba ya Marina con nuestra hija, nos acercamos lentamente para no asustarla, como decía el famoso Dr. Spock, ¡esa Biblia para nosotros! Y Eugenia todo lo que hacía en su calma de niña era mirarse las manos. ¡

Estaba lindamente vestida, con su sombrero de capota blanca, tenía ya seis meses, y ni una sonriso ni llanto de felicidad, como si se hubiera olvidado de nosotros! Lindamente vestida, porque para Gloria, Eugenia era una muñeca con vida, muy querida y bien tratada y sus movimientos señoriales desde el primer día, hacia decir a mi amigo de infancia, Agustín Vargas Zepeda, que era una niña high.[13] Quedamos tristes y aprendimos que los hijos no pueden ser abandonados, porque se entregan a quién los alimenta, en este caso, mi suegra y cuñada, que le daban el biberón... Adoramos nuestros hijos y los cuidamos dentro de todas las buenas posibilidades, pero vamos aprendiendo con el tiempo. Camila fue el mejor ejemplo: no había Nanas ni Abuelas, porque las Abuelas son las que más saben. ¡Cada vez que Eugenia tenía un problema, llamaba a mi madre y ella decía lo que se debía hacer, y estaba siempre cierto!

Con Camila fue todo diferente. Fue criada sin familia, una Camelia blanca que no precisan de sol para vivir, pero sí de luminosidad. Es por causa de eso que he llamado a este capítulo "Día de Sol", y he jugado con las palabras, por ser el día en que conocí a nuestra nueva hija, que de High, en esos tiempos, tenía muy poco. Como refiero en otro libro, ella era buena para llorar, para gritar, para luchar con otros, para llamar constantemente la atención de sus padres y de los adultos a su vuelta.

Siempre he amado a nuestras dos hijas, pero de forma diferente. Eugenia, desde muy temprano en la vida, se adivinaba ser una académica. licadCuando Camila, más adulta, veía a Eugenia estudiar, en nuestra casa Hilderstone, en la carretera que pasaba por el centro de Cambridge, East Road, decía meneando la cabeza, "Poor, poor Eugenia, I"ll shall never be like her. So much writting, so much reading, so many hours at her working table.". No podía adivinar que, un día, iba a ser también como ella, con una diferencia: Camila ha sabido combinar el trabajo con sus diversiones, con su preocupación por los otros. No es en vano que el trabajo de Camila, hoy en día, la haya llevado a los rincones más apartados del mundo, como la denominada Isla de Cairu, enfrente de San Salvador de la Bahía, Brasil[14] en donde estuvieron en 2001 para preparar a las personas para ejecutar después una acción que duró un mes en la Isla, sin ninguna comunicación donde ha desarrollado un programa de plantar mil árboles, cuja madera sirve para hacer violines, violoncelos, lo que es comentado con sorpresa por la BBC de Brasil, en un texto en línea[15]. Sabía de este proyecto, pero no sabía de su importancia. Nuestras hijas tienen varias características en común: son muy comprensivas, parece que solo se divierten, no cuentan a todo el mundo el trabajo que hacen ni la importancia que ese trabajo tiene. Mis camelias son de luz y de trabajo, heredado, como me parece, de la asiduidad con que su madre y yo luchamos durante más de treinta años, para poder sobrevivir en sitios inhóspitos, con pocos amigos, ser pioneras de las causas que emprenden y encontrar soluciones de forma rápida para sus emprendimientos. Pero, esa es su vida adulta. Su vida de infancia es otra, la base, diría yo, de lo que es la vida adulta que lleva hoy, como la de Eugenia. Las dos han desarrollado un talento difícil de imitar y lo cultivan con deeza y esmero.

De pequeñas, Eugenia en Edimburgo, Camila en Vilatuxe, a la misma edad, andaban siempre detrás del papá, como he narrado en otros textos. Lo que no he dicho en esos textos, es que el papá era para jugar, la mamá para respetar. Aún hablaba ayer con Camila al teléfono y me recordaba que, cuando era pequeña, después de Vilatuxe, estábamos un día a tomar té, o las onces, como decimos en Chile, en nuestra casa de Bateman St.53, en Cambridge, cuando ella preguntó si había otra vida después de ésta. Sorprendido por la pregunta y sin saber la causa de la misma, respondí, como había respondido a Eugenia de esa misma edad, en años anteriores en Vilatuxe, que no, que no había otra vida, que sólo había ésta y que al morir, todo se acababa. ¡Tonto[16] de mí!

No es respuesta que se dé a una niña pequeña, Ya lo había hecho mal con Eugenia a sus cinco años, estaba a hacer lo mismo con Camila, también de cinco años ese día. Camila, como Eugenia en su día, lloró mucho. Consternado, le pregunté de inmediato, Darling, ¿why are you crying? Y respondió: "Because I enjoy so much having tea all of us together, to see you and Mum, to eat the marble cake you bake, I can not believe that this is coming to an end one day…".

Desde luego, la abracé, la senté en mis rodillas y le dije que me disculpara, que me había engañado, que los papás también se equivocan y esta vez, el equivocado era yo, que había otra vida y que íbamos a tomar té todos juntos y comer queque mármol, tanto cuanto nos diera la gana. Por ese minuto guardó silencio, pero ¡nunca más recuperó la calma sobre el futuro!

Puedo decir que nuestras hijas desde pequeñas, mostraran una habilidad grande para hablar diferentes lenguas y desarrollaron gran facilidad para hacer amigos. Nuestra casa, antes llenas de nuestros amigos, ahora estaba llena de los amigos de ellas y de los animales de estimación que traían para casa. No hay duda que han desarrollado una gran habilidad para hablar con las personas y que las profesiones que han escogido, de analista clínica Eugenia, de ecología para cuidar y reproducir especies en extinción, Camila, las lleva a hablar con muchas personas a lo largo y ancho del mundo. Son, si me permiten decir, unas maravillas de hijas, siempre interesadas en sus padres y preocupadas o por nuestro bienestar, o por nuestro futuro, o, finalmente, por la alegría de vivir que nosotros, sus padres, tenemos en general.

No es necesario añadir que nos sentimos orgullosos de ellas y respetamos su intimidad y su bienestar. Por precaución, ellas sólo atienden el teléfono si llamo, cuando no están ocupadas en otras cosas, lo que ha obligado a Gloria y a mí, por haber criado hijas autónomas, a encontrar nuestras propias alternativas de vida. No hay celos entre nosotros, los padres de estas niñas, si un día se preocupan más de uno que del otro: es según lo que ellas desean que hagamos, lo que nosotros hacemos o no: también tenemos nuestra libertad, ganada a lo largo de mucho esfuerzo a través de los años.

Lo que si no puedo negar, es que adoro hablar con los hijos de ellas y es por causa de esos nietos, que escribo estas notas, antes de que mi memoria se apague y ellos, nuestros nietos, no sepan cómo eran sus madres cuando eran pequeñas.

2. - Entre extraños

He narrado hasta ahora cómo nuestra vida ha transcurrido entre extraños, entre personas de fuera y dentro de la familia. ¿Será que dentro de la familia, también hay extraños? Solo si definiera lo que es persona extraña o el concepto de extraño[17]. Al comienzo, pensé que era extranjero, pero extraño era exactamente el concepto que quería usar. Debe ser mi id[18] , que me debe haber traicionado... Ese Id, resultado de lo que escribo en la nota de pié de página. Motivo que nos llevaba siempre a estar junto a nuestros amigos de la infancia, que conocían nuestra cultura y nuestra manera de ser. Podíamos hablar Castellano, recordar las aventuras, saber de nuestros estudios anteriores, en cuanto nuestros hijos estaban siempre a adaptarse a la nueva cultura y a comenzar a desintegrarse de las nuestras.

Este fue el motivo que nos tuviera tanto tiempo retenidos en Sussex, porque la familia Vio era como una familia de hermanos, si nos estábamos con ellos, nos sentíamos aislados. Especialmente esos primeros meses de adaptación a la cultura Británica. Era el tiempo que Panchito y Eugenia, debían comenzar a ir a la escuela, pero, como defensa para ellos y nuestra, demoramos su entrada durante un largo tiempo. Había muchas cosas nuevas para aprender. Una de ellas, era que Mariana Giacaman[19], su mujer en esos días, no tenía el hábito de trabajar. El problema para ella era cual trabajo iba a hacer, por no tener acabado sus estudios universitarios. Casó muy joven con mi amigo Francisco Vio[20], ya abogado, y, pasado un año, tuvieron de inmediato un hijo.

Su profesión, en esos tiempos de mujer muy joven, una adolescente, era el de toda la burguesía chilena, ser dueña de casa y cuidar a los hijos. El exilio de ellos había sido precipitado, por causa de que Francisco era perseguido por la dictadura: había hecho la Reforma Agraria de las cuatro provincias de la Región del Maule y había sido nombrado Secretario de Estado para el Ministerio de Tierras y Colonización[21], cargo que no llegó a ocupar, por haber acontecido, antes, el golpe de Estado, que mató al Presidente de Chile, los planes de la vía chilena al socialismo, y los planes personales dentro esa vía.

Aún los Vio Giacaman en Chile, se recordaban que teníamos un amigo en Argentina, conocido en la Universidad de Edimburgo, con Departamento en Buenos Aires y me pidieron si podía contactarlo. Lo hicimos de inmediato, Ricardo Gaudio, el nombre de nuestro amigo, dijo que tenía el estudio de su padre, recientemente fallecido, en Buenos Aires, que podía dar albergue a nuestros amigos. Ellos estaban en un Hotel de Mendoza, a pagar lo que ni podían gastar, y, mal supieron de la noticia, volaron a Buenos Aires.

Conmigo en Gran Bretaña en esos días, recibí una carta desesperada de Pancho, que comenzaba por decir que me escribía desde el cuarto de baño, que no sabían qué hacer y que en ese lugar ni cabían todos. Fui de inmediato a mi amigo Iain Wright, de la Asociación de Academics for Chile, y solicité si era posible traer de  inmediato a la familia Vio Giacaman desde Argebtina. Pancho llegó cuando yo estaba aún en la casa de mi antiguo asistente de la Universidad Católica de Chile, Gonzalo Tapia Soko, casa a la cual Pancho llegó. Más tarde, la familia toda, Mariana siempre con su buen humor: ¡llena de maletas, dijo, llegó la Elizabeth Taylor, con un abrigo de piel y abriendo los brazos e dando una vuelta tipo modelo de ropas! Nos alegró la vida... Días antes, Pancho me había pedido que lo acompañara a comprar preservativos, con ese aire de niño corto de genio, de niño diría yo, que siempre lo caracterizó, hasta el día de hoy. Era Febrero de 1974. En preparación para irme a Cambridge, me entretuve allí con él, a la espera de la familia y a iniciarlo en los secretos de Inglaterra, como él decía. Nunca me he olvidado del pedido de ese día: "¿Sabe compadre?, Hace tiempo que Mariana y yo no hemos tenido relaciones y como llega en estos días, estoy seguro de que alguna cosa se va a pasar. Malicioso, yo sabía, pero me hice el tonto[22] y pregunté lo qué podía pasar. En su timidez simpática, me dijo, ¡Compadre, Ud. sabe lo que es estar sin mujer muchos días! Seguí haciendo el tonto y pedí más explicaciones. Allí entró su carácter pragmático y dijo que yo sabía muy bien y que era suficiente de lesuras. Lo llevé as una farmacia, pedí anticonceptivos para personas, porque si hubiera pedido preservativos, me enviaban de inmediato a una droguería. Preservativo en inglés, no tiene relación con la relación íntima de hacer amor, son polvos para guardar jaleas y todo tipo de conservas que deben durar muchos meses o años.

 

(Continua)

publicado por Carlos Loures às 15:00

editado por Luis Moreira às 15:43
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