Quinta-feira, 20 de Janeiro de 2011

Mis Camélias – 4 – por Raúl Iturra

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(Continuação)

MEMÓRIAS DE PADRES INTERESADOS - ENSAIO DE ETNOPSICOLOGIA DE LA INFANCIA

El día del juicio final de Eugenia, se aproximaba. Ella jugaba a los papás con Panchito. Mariana llegó un día para decirnos que encontraba poco simpático este juego, que era darse besos y tocarse el poto y, a veces, bajarse los calzones. Por casualidad, llegué a esa conversación y  sin casualidad, lacé una homilía a las tres -porque quejosas eran tres, Mariana, nuestra vecina y amiga Jimena Barrientos y Gloria, las dos amigas a contar las historias de que Eugenia jugaba de forma erótica con los niños. Mis palabras fueron serenas y directas y comenté de inmediato que los niños eran sexuados desde antes de nacer- un saber precoz de las ideas de Sigmund Freud,[6] Wilfred Bion[7] e de Mélanie Klein[8], que más tarde me llevaran a escribir el libro presentado en el día que nació nuestro primer nieto, Tomas van Emden, por título: O saber sexual das crianças. Desejo-te, porque te amo[9], publicado a tiempo y horas, por mi Editora Afrontamento, en la ciudad de La Guarda, en Portugal, a 20 de Junio de 2000, el día del nacimiento de mi primer nieto.

 

La conversación de las Señoras quedó interrumpida por mi entrada y alocución en defensa de los niños. Les dije de inmediato si a ellas no les gustaba hacer el amor. Quedaron con la cara colorada. Les dije que a los niños también y que lo peor que se podía hacer, era estimular la sexualidad, que ya estaba en ellos, pero peor aún era ocultar que los adultos hacen el amor solos y en su cama, que no era juego. Y por ahí fuimos hablando, hasta que Jimena, la más virgen de las mamás presentes, salió y se fue, toda cortada. Nosotros tomamos onces y hablamos de otras cosas. Mariana me dijo que había sido un encuentro genial y que salía con nuevas ideas en la cabeza.

 

Es el Chile que Eugenia conocía y que Camila nunca llegó a conocer ni a saber, excepto de la historia del país, ¡si por acaso sabe alguna cosa! Lo que nuestras hijas ni sueñan, es la inspiración que me dieran para desarrollar, mas tarde, las ideas de la sexualidad de le infancia, que me llevara a crear los doctorados y maestrados en Antropología de la Educación y en Etnopsicologia de la Infancia, que hasta el día de hoy, enseño y escribo.

Quién era más recatada en su sexualidad infantil, era Eugenia, siempre preocupada si tenía amigos o no, ahí donde Camila gustaba, en sus tres años de edad, jugar con sus genitales, lo que nunca fue prohibido por nosotros. Lo que normalmente hacíamos Gloria y yo, era distraerla para otras actividades, que la hacia olvidar del deseo ya instalado en su cuerpo, como en todo ser humano acontece.

 

No fue por acaso que en esta novelada biografía sobre nuestras, haya introducido citaciones de tres autores. Freud, en su texto, analiza lo que él denomina aberraciones sexuales, como homosexualidad, masturbación, pedofilia, y el análisis que hace en las páginas 127 a 155, del texto en inglés, en el cual resume las, en su tiempo y creencias, aberraciones sexuales, como una interrupción hecha por otros, a la libido de la infancia. Hoy en día, excepto la pedofilia, no son ni delito ni pecado, como está definido por la ley en varios países y como reformuló Karol Wojtila o Juan Pablo II en su Catecismo de 1991. Así como Klein define envidia (inveja en portugués), como la defensa que hacen los niños de su fuente de alimentación, después de analizar el caso de su sobrino Richard, referido en el volumen tres de las obras completas de Klein, ya citada, y que en síntesis dice: el ego de la criatura es  muy inmaduro e el  superego muyo débil para establecer un proceso psicoanalítico, y que, en consecuencia, el analista debería adoptar el papel de apoyar al ego y fortalecer el superego, en consecuencia, el analista debería adoptar el papel de guía para sustentar o ego e fortalecer el superego. Melanie Klein sostenía que el superego de la infancia es mas perseguidor y rudo de lo que es en fases posteriores de desarrollo, e así, el papel del analista debería ser disminuir la severidad do superego, permitiendo, con eso, que el ego se desenvuelva mas libremente. Esta incumbencia, así como otros aspectos teóricos de la obra de Melanie Klein, levantaran contra ella una fuerte oposición en los medios psicoanalíticos, habiendo así la propuesta, en 1945, de excluir a los kleinianos de la Sociedad Británica de Psicoanalice[10], lo que no llegó a acontecer. Su discípulo Wilfred Bion fue más lejos, pare decir que el problema de la alimentación de bebé comienza ya en el útero materno, bien como su estado erótico, desde el tercer mes de embarazo de la madre[11]. Bion prueba esta hipótesis a lo largo de toda su obra, que es creíble y usada en estos días, ideas retiradas de su profesora, la Psicoanalista Húngara ya citada, Mélanie Klein.

 

¿Por qué estas citaciones, al hablar de nuestras hijas? Es apenas para recordar a las personas de que la educación de ellas está muy basada en teorías que, en el tiempo del nacimiento de ellas, era un rayo de luz, para entender como criarlas. Para ser padres, parece que nada es importante, excepto colocar hijos en el mundo, resultado de una pasión. Como educador, no puedo admitir esa ilusión, los niños deben tener no un analista, como no estoy de acuerdo con Klein, cuya teoría nos clasifica a los papás y mamás, como seres ignorantes, incapaces de educar a sus hijos. Lo que es muy importante en el pensamiento de Klein y Bion, eso sí, es que los padres  puedan ser orientados por ellos talvez, para criar a sus hijos y dejar de pensar que lo que está en el útero materno sea apenas el fruto del amor. ¿Qué estas ideas rompen la ilusión del bebé que se espera? Recuerdo la voracidad nuestra en busca de libros para saber criar a nuestros hijos. Estaba en la moda, en el tiempo del nacimiento de Eugenia y Camila, el libro del Dr. Benjamín Spock[12], era, prácticamente nuestro libro de cabecera, especialmente si los niños se enfermaban. Pero lo que más buscábamos era la referencia de cómo curarlos, no de cómo cuidarlos de forma afectiva y amorosa. Parecía que estaba dentro de nosotros el hecho de saber ser padres cariñosos, pero no, éramos padres con miedo, sin orientación, que nos cansaban en noches sin sueños o días enteros con el bebé a llorar.

 

 

Nunca me olvido de los primeros meses del nacimiento de Eugenia: debía mamar de cuatro en cuatro horas, esas primeras seis semanas de vida: venía del útero, donde era alimentada por el líquido amniótico cada vez que ella quería. En el mundo de interacción social, correspondía  a la madre dar el pecho o pasar sus senos llenos de leche, para nuestro bebé mamar. Para aliviar su carga de trabajo, todas esas noches de los primeros meses, a las cuatro de la mañana me levantaba, mudaba los pañales de Eugenia, mas tarde serían los de Camila, para que estuvieran secas en su mamar. La última  actividad llamada dar el pecho, era a media noche. En vez de dormir, conversábamos Gloria y yo y, a veces, hasta adelantábamos la hora de dar el pecho, como se dice en chileno castizo, ese amamantar, y pasaba a ser a las 11 o así, porque sabíamos que había un reloj despertador a las 4 de la mañana: el llanto de Eugenia, como el de Camila más tarde, para comer, como era necesario. Nuestras penurias pasaron cuando ya no había leche para dar y era necesario alimentar con biberón de seis en seis horas y, más tarde, cuando comenzó a comer con las manos de comida pequeña, cortada en trozos y llevadas a la mesa de la silla del bebé.  Fueron las peores clases que di en esos tiempos: eran a las ocho de la mañana y estaba lleno de sueño. Tener hijos es una alegría, pero hay que saberlos tratar para hacer la vida dentro de su horario, que es lo que Gloria y yo hacíamos: el horario del bebé de turno, era el nuestro, como hoy en día es el de nuestras hijas y sus hijos. Mi dos Camelias han tenido experiencias diferentes y estas ideas son apenas para dar una orientación de cómo hacíamos. Un pequeño alcance para Camila, porque Eugenia ya debe saber: siempre estábamos a intercambiar impresiones con papás de hijos de la misma edad.

 

Es lo que más hacíamos, no por curiosidad, pero por desesperación... Ser papás es un amor, una delicia, éramos incapaces de dejar a nuestra primera hija en las manos de otros, sentíamos su falta. Como cuando, para descansar, una semana Eugenia quedó con la madre y hermana de Gloria y nos fuimos al campo, a la casa de mi Nana Griselda, una casa de adobe, con piso limpio de tanto escobar la tierra, el piso de la casa, donde ni ducha había e nos lavábamos en el arroyo que venía desde la Cordillera, esa agua helada, que nunca nos desanimó. Aún más, era un placer estar con mi Nana y comer las empanadas y el pan del horno de arcilla, ese pan amasado, bien  caliente y adorable. Pero... al tercero día Gloria y yo nos miramos, ella adivinó mi pensamiento, yo el de ella, y sin decir nada a nadie, excepto a la Nana Griselda, la dueña de casa, corrimos a hacer las maletas y nos fuimos de vuelta a nuestra casa, a 300 Kilómetros de distancia en Viña del Mar. Gloria y yo  llegamos a correr, sin ni saludar a la suegra y a la cuñada y Preguntamos por Eugenia: la niña andaba por la Avenida Perú en coche con su Nana Marina, largamos las maletas al suelo y corrimos. A la entrada estaba ya Marina con nuestra hija, nos acercamos lentamente para no asustarla, como decía el famoso Dr. Spock, ¡esa Biblia para nosotros! Y Eugenia todo lo que hacía en su calma de niña era mirarse las manos. ¡Estaba lindamente vestida, con su sombrero de capota blanca, tenía ya seis meses, y ni una sonriso ni llanto de felicidad, como si se hubiera olvidado de nosotros! Lindamente vestida, porque para Gloria, Eugenia era una muñeca con vida, muy querida y bien tratada y sus movimientos señoriales desde el primer día, hacia decir a mi amigo de infancia, Agustín Vargas Zepeda, que era una niña high.[13] Quedamos tristes y aprendimos que los hijos no pueden ser abandonados, porque se entregan a quién los alimenta, en este caso, mi suegra y cuñada, que le daban el biberón... Adoramos nuestros hijos y los cuidamos dentro de todas las buenas posibilidades, pero vamos aprendiendo con el tiempo. Camila fue el mejor ejemplo: no había Nanas ni Abuelas, porque las Abuelas son las que más saben. ¡Cada vez que Eugenia tenía un problema, llamaba a mi madre y ella decía lo que se debía hacer, y estaba siempre cierto!

 

(Continua)

publicado por Carlos Loures às 15:00

editado por Luis Moreira às 17:49
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